¿Tu hijo es un pequeño tirano?

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El llamado Síndrome del Emperador es una condición emocional que transforma a los hijos en pequeños dictadores que convierten sus hogares en infiernos, no cooperan en nada, son manipuladores, demandantes y tratan a sus padres de mala manera. Esta es una situación va en aumento y empieza a preocupar a los padres, ya que no es fácil de modificar. Si los niños desde que son pequeños se acostumbran a salirse con la suya, lo más probable es que se conviertan en adolescentes problemáticos y posteriormente en adultos déspotas, por esto es importante que los padres tomen acciones correctas y a buen tiempo.

 

El peligro de la sobreprotección

Mucho se ha hablado acerca de la forma en que debemos educar a nuestros hijos para que no sufran “traumas”, que si debemos dejarlos expresarse, que el ser autoritarios está mal, mientras que otros exigen firmeza sobre todo, en fin, tantas sugerencias contradictorias que únicamente logran confundirnos.

Lo cierto es que  la vida está formada de retos que día a día vamos superando, esto moldea nuestro carácter  y nos lleva a la madurez emocional, sin embargo de una manera u otra hemos cometido el error de sobreproteger a nuestros hijos tratando de alejarlos de todo mal, como si pudiéramos evitar que la realidad de la vida los alcance. Hemos hecho esfuerzos enormes por darles lo que nosotros no tuvimos, les proporcionamos los juguetes, la ropa, los viajes y la escuela más costosa que nuestro bolsillo pueda aguantar, haciendo un gran sacrificio por cubrir con cuestiones materiales las carencias afectivas, en muchas ocasiones tratando de compensar la ausencia de alguno o ambos padres.

Con todos estos excesos no les hemos dado la oportunidad de aprender a ganarse nada, todo les es proporcionado porque sí, no hay equidad, por esta razón lo único que hemos logrado es generar en ellos una sensación de inutilidad y desamparo pues se sienten incapaces de enfrentar las situaciones cotidianas.

Esto ha contribuido para que nuestros niños no sepan generar vínculos afectivos sanos, desconozcan el valor de las cosas y se hayan insensibilizado, teniendo una inmadurez emocional que los hace sentir que son el centro del universo y que quienes los rodeamos somos tan sólo satélites a su disposición, sujetos a sus caprichos.

 

 Vivir la consecuencia de nuestros actos nos da estructura

Los limites no pueden estar sujetos al estado de animo del padre o tutor, éstos tienen que ser simples y claros para moldear sus comportamientos. Las consecuencias de sus actos deben ser consistentes y de acuerdo al error cometido, exagerar o ser demasiado laxo genera confusión, por ello es importante aplicar correctivos que siempre podamos cumplir. Respetar las elecciones que ellos hagan es un acto de amor.

Podemos cerrar los ojos ante lo que sucede viviendo en negación y pretendiendo que esto un día pasará o podemos tomar las medidas necesarias para corregir el rumbo de la educación que estamos dando a nuestros hijos. Recordemos que el ejemplo es la mejor manera de educar.

 

Cómo detectar a un ‘emperador’ en casa:

  • Piensan que todo les corresponde y esperan que los que están a su alrededor se lo proporcionen.
  • Están muy centrados en sí mismos y creen que son el ombligo del mundo.
  • Demandan atención, no sólo de los padres, sino de todo su entorno. Entre más atención se les da, más la quieren.
  • No responden bien a las estructuras sociales establecidas ni a las figuras de autoridad.
  • Generalmente se sienten tristes, enfadados o ansiosos y suelen tener una autoestima baja.
  • Piden hasta el extremo de la exigencia. Una vez conseguido, muestran su insatisfacción y vuelven a querer más cosas.
  • Dificultad para aprender de los errores y castigos
  • No ven cómo sus conductas afectan a los demás y generalmente carecen de empatía.
  •  No saben cómo  resolver problemas o afrontar experiencias negativas.

 

 ¿Qué hacer?

  • Los padres deben marcar límites desde que sus hijos son pequeños. Se les debe enseñar que  además de tener derechos tienen obligaciones.
  • Hay que saber decir “no” cuando es necesario y no sentir culpa por ello.
  • Los niños aprenden de su entorno, hay que estar pendientes de lo ven, viven, sienten y escuchan.
  •  Es importante dedicar tiempo a los hijos, esto debe ser de forma constante y permanente.

 

¿Por qué es importante prevenirlo?

  • Al no ponerles límites desde pequeños, los niños son incapaces de desarrollar emociones morales como la compasión, empatía o incluso el amor.
  • Pueden convertirse en adultos violentos.
  •  Al crecer tienen problemas para completar sus estudios y  mantener trabajos ya que no responden favorablemente a las figuras de autoridad.
  • Se les dificulta crear y mantener relaciones afectivas.

Es importante que pongamos cuidado en los valores que inculcamos a nuestros hijos, necesitan tener consecuencias por sus actos así sean buenos o malos. Los niños que formemos hoy, serán los adultos que guiarán el futuro de nuestra sociedad.

 



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