Salí del túnel de las adicciones

por Redacción Fratela

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Mi nombre es Sandra, tengo 30 años y no siempre fui una persona feliz. Desde muy pequeña sentía que había algo malo en mí y en mi casa me lo hacían notar con frecuencia a través de juicios y descalificaciones. En la escuela nunca tuve buenos resultados y me costaba mucho trabajo hacer amistad con los demás niños, siempre me sentí diferente.

Mi historia personal tuvo mucho que ver con esta situación, mis padres se divorciaron desde que era muy pequeña y mi madre siempre estaba ocupada con el trabajo, mi hermana y yo siempre estábamos al cuidado de alguien más, esto me hizo sentir sola y un poco abandonada.

La primera vez que llene un vacío interior con algo exterior, fue a los 10 años de edad, con dulces y comida. Aparentemente en mi familia tampoco era aceptable aumentar de peso, entonces también crecí pensando que mi cuerpo era inadecuado e inaceptable y que todo lo que yo hiciera, siempre estaría mal.

Conforme fueron pasando los años y llegué a la adolescencia, mis problemas con mi madre comenzaron a aumentar, no nos entendíamos en lo absoluto, por ello cuando tenía 18 años, comencé a tomar antidepresivos, claro que algunos años antes se me diagnosticó con déficit de atención y por ello también estuve medicada.

Así crecí pensando que todo lo que yo era, lo que sentía y lo que pensaba, estaba mal. No me enseñaron a apreciarme y a aceptarme como soy, a tratarme a mí misma con amor y con respeto; esta situación no es una justificación para vivir con adicciones pero hoy entiendo que desde el dolor que sentía por mi situación familiar y personal, era casi imposible esperar que fuera una persona “normal”.

A los 16 años descubrí lo maravilloso que puede llegar a ser el alcohol, ya lo había probado antes pero no me había gustado tanto. En esta ocasión lo amé, me hacía una persona más sociable, divertida y feliz, realmente era más de lo que podía pedir. Yo no sabía que todo lo que el alcohol regala en un principio, lo termina cobrando muy caro.

No me tomó mucho tiempo darme cuenta de que algo en mi cuando bebía no era normal, tendía a comportarme como un “bulto” al que había que cuidar; olvidaba todas las cosas que pasaban a mi alrededor y me ponía en situaciones de extremo riesgo.

Así pasé algunos años hasta que realmente se volvió un problema para mí, vivía permanentemente deprimida y a los 24 años terminé en un hospital por congestión alcohólica, esa fue la primera vez en que me di cuenta de que no sólo ponía en riesgo mi imagen ante los demás con mi manera de beber, sino que también ponía en riesgo mi vida.

Este evento realmente me marcó pero no fue lo suficientemente fuerte como para que tomara la decisión de dejar de beber, había mucha ignorancia al respecto. Pensaba que un alcohólico era aquél que vivía en la calle, que lo había perdido todo y tomaba todo el tiempo. Esta era una visión realmente ignorante y  me llevó a continuar poniendo mi vida en riesgo y a lastimarme más a mí, a mi familia y amigos.

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El dolor que sentía era indescriptible, sentía ganas de morir la mayoría del tiempo y ahora entiendo que inconscientemente eso era lo que buscaba a través de mis acciones autodestructivas. Mis relaciones interpersonales siempre eran caóticas, terminaba peleada con todas las personas; me costó mucho trabajo terminar la escuela y cuando entré a trabajar me comportaba de una manera irresponsable y peleaba mucho con las personas, siempre pensaba que era culpa de los demás.

En mi interior había demasiado sufrimiento y no entendía por qué. Realmente había tenido una historia familiar relativamente difícil pero como la de la mayoría de las personas, nada fuera de lo “común”. No entendía por qué sufría tanto, mis relaciones de pareja (si se les puede llamar así) eran sumamente deficientes, era lógico esperar que también las personas con las que me relacionaba, tuvieran problemas con el alcohol o con otras sustancias. La mayoría de mis amistades bebían demasiado y aún ellos en ocasiones se asustaban por mi forma de beber.

Tomaba decisiones totalmente equivocadas desde perspectivas sumamente distorsionadas, el sufrimiento no cesaba. Pasé por situaciones sumamente dolorosas y denigrantes a lo largo de mi carrera alcohólica y aun así no decidía dejar de beber. ¿Qué prueba más clara de una adicción que la negación? Aun sabiendo el daño que me hacía, no podía dejar de hacerlo, porque siempre estaba minimizando lo que sucedía.

Era común que cuando salía de fiesta con mis amigos, alguien tuviera que ocuparse de mí porque yo no era responsable de mi misma cuando salía. El sufrimiento se agudizó, había perdido muchas cosas, empleos, amistades, relaciones personales y los deseos de vivir, quizá no directamente a causa del alcohol pero si por la ingobernabilidad de mi vida, no me hacía responsable mi y mucho menos de mis acciones, era una víctima permanente de todo y de todos.

Un día de resaca infame, al despertar, decidí que no quería volverme a sentir de esa forma. Prefería morir que seguir viviendo así, por ello tomaría cualquier alternativa que me ayudara a salir de ese sufrimiento inagotable. Llegó a mi vida alguien que me ofreció ayuda, alguien que notó que mi problema era el mismo que el suyo y compartió conmigo la forma en que lo superó y jamás he estado tan agradecida por algo en mi vida.

A los 28 años de edad comencé a trabajar en un programa de 12 pasos, sólo por hoy llevo 2 años sin beber y mi vida ha cambiado por completo. Mentiría si dijera que ha sido fácil, sin embargo nada es más difícil que seguir viviendo como yo lo hacía, nada es peor que eso.

Durante estos dos años he aprendido a aceptarme como soy, a aceptar y a perdonar a los demás, a hacerme responsable de mi vida, a confiar en que la vida siempre se pone mejor si yo doy lo mejor de mí; a esperar lo mejor de la vida y a tener sueños e ilusiones, cosa que rara vez llegué a tener.

Me di cuenta de que me habían enseñado a vivir con sufrimiento y falta de aceptación, siempre trataba de controlar lo exterior (personas, situaciones, cosas) y rara vez controlaba lo interior (emociones, pensamientos, acciones). Al hacerme cargo de mí, aprendí que los demás no son responsables de cómo me siento ni de lo que hago. Entendí que puedo ser feliz a pesar de lo que esté sucediendo afuera, hoy creo en que hay algo más grande que yo en la vida que sólo quiere lo mejor para mí y que sólo yo a través de mis conceptos e ideas equivocadas, busco sabotearme y destruirme.

Hoy vivo en paz y trato de dar lo mejor de mí a los que me rodean, también he ayudado a otras personas que han pasado por el mismo sufrimiento, han encontrado el mismo camino de recuperación y crecimiento.

Mi relación con mi familia es otra totalmente distinta, he sanado viejas heridas y he construido nuevas amistades, más genuinas y sanas. No cambiaría nada de lo que tengo hoy en mi vida por una copa o una noche de “diversión” como las que acostumbraba, no ha sido fácil pero aun así no lo cambiaría por nada. Sé que aún no estoy donde me gustaría pero sé que estoy en camino y eso me llena de paz y alegría. Mi vida hoy tiene sentido porque sé que me he ayudado a mí misma y que puedo ayudar a alguien más para que deje de sufrir.

El alcoholismo es una enfermedad, es incurable, progresiva y mortal. Desafortunadamente considero que es una enfermedad más difícil para las mujeres, ya que además del sufrimiento que ya conlleva padecerla, nos enfrentamos al desprestigio y a ser juzgadas más duramente. Por ello el mejor camino es la recuperación.

¡La vida vale la pena si nos damos la oportunidad de vivirla bien!

Nota: No sólo el alcohol es adictivo y trae consecuencias destructivas a la vida de una persona, también lo son: las drogas, el tabaquismo, la codependencia (adicción a las relaciones), la adicción al sexo, al juego, etc. Existe un camino para salir de todas ellas, está en nuestras manos hacerlo.

Aquí encontrarás más información en caso de que consideres que tú o alguien que conoces necesita ayuda: http://www.aamexico.org.mx/

También puedes enviar un correo a contacto@fratela.com y con gusto te enviaremos más información.

El testimonio es real, los nombres y datos personales han sido cambiados para mantener el anonimato de su autora. 

 



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