¿Qué fue del feminismo?

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En días recientes, ofrecí una conferencia acerca del Techo de Cristal, en ella, compartía mi punto de vista y el de muchas feministas pioneras en la lucha por los derechos de las mujeres, acerca de las dificultades que enfrentamos para alcanzar espacios relevantes dentro de nuestra sociedad.

El Techo de Cristal, es un término que surgió por primera vez en 1978 durante un discurso para posteriormente aparecer en el Wall Street Journal en 1986, como un concepto que es usado para definir la brecha que existe entre mujeres y hombres en el área laboral. Con el tiempo, también fue usado para referirse a otras “minorías” que encontraban dificultades para alcanzar puestos con mayor jerarquía como la comunidad afroamericana o hispana en Estados Unidos.

Le llaman Techo de Cristal porque es una limitación invisible, que no se encuentra incluida en ninguna ley, texto o documento, sin embargo, está profundamente arraigada en nuestras costumbres y en nuestros hábitos como sociedad, siempre privilegiando a cierto sector a causa de los paradigmas de nuestra cultura.

Es decir, que en ningún lugar está escrito que debemos discriminar a las mujeres por el simple hecho de serlo y aún así, sigue ocurriendo en prácticamente todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Al realizar una investigación para ofrecer un taller acerca de la Prevención de Violencia de Género encontré información sumamente desoladora, ya que, como sociedad, tomamos este asunto a la ligera y no dimensionamos la implicación que tiene tanto para mujeres como para hombres.

La violencia de género se ha convertido en un problema de seguridad nacional, las estadísticas sobre feminicidios son alarmantes, así como el crecimiento de la trata de personas como uno de los negocios clandestinos más rentables, alcanzando el nivel del narcotráfico y del lavado de dinero.

Esta investigación me llevó a conocer más acerca del sistema patriarcal que nos ha regido gracias a “La Creación del Patriarcado” de la historiadora feminista Gerda Lerner,  también “El Segundo Sexo” de Simone de Beauvoir; ambas son mujeres que en su momento desafiaron los estigmas sociales y se cuestionaron el rol de las mujeres en la sociedad.

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Cuando Gerda Lerner le comentó a sus maestros y mentores que deseaba realizar una investigación acerca de la historia de las mujeres, le sugirieron que no perdiera su tiempo en investigaciones “exóticas” y que mejor ocupara su talento en algo que si le aportase algún beneficio.

Conocer el origen de nuestra posición en la sociedad, aunado a las expectativas que se tenían hacia las mujeres en el pasado, en contraste con las actuales, me ha permitido comprender por qué el feminismo es tan importante.

La mujer fue sometida por su capacidad reproductiva, la cual en su momento fue indispensable para afianzar las primeras civilizaciones, hoy en día la tasa de mortalidad ha disminuido y la de natalidad ha aumentado, sin embargo, las mujeres seguimos siendo tratadas como un objeto sexual por los medios de comunicación y por la misma sociedad, siempre exaltando la sexualidad femenina de una forma poco halagadora.

Algo que jamás debemos olvidar es que las mujeres representamos más de la mitad de la población y desde el inicio de la humanidad, hemos representado la misma proporción y a pesar de esto, seguimos siendo tratadas como una minoría que sigue luchando por ganarse un lugar digno dentro de la sociedad.

Algo que me ha resultado muy molesto a raíz de que comencé a profundizar en el tema, es ver el rechazo que expresan muchas mujeres con respecto al feminismo como si se tratara de un sinónimo de machismo; tengo la impresión de que les apena que los hombres las perciban de esa forma y en automático cuando se habla de feminismo, una de ellas siempre hace un comentario en defensa de los hombres.

El feminismo no se trata de los hombres, se trata de la lucha contra un sistema que ha mantenido sometidas a las mujeres; expuestas a todo tipo de abusos, discriminación e injusticias. Como mencionó Gerda Lerner en una entrevista que le realizaron en la década de los 90’s, el patriarcado fue creado tanto por hombres como por mujeres porque en su momento, sirvió un propósito, que en la era moderna ya no es útil.

Mientras las mujeres sigamos ignorando la evolución histórica de nuestro género, continuaremos conformándonos con tener algunos privilegios como una educación universitaria, tener un empleo y un sueldo que nos parezca aceptable, no más.

Yo solía ser una de esas mujeres que estaban conformes con sus contados privilegios, hasta que comencé a hacer trabajo comunitario con mujeres de escasos recursos para empoderarlas y ayudarlas a mejorar su calidad de vida, ahí he conocido un centenar de historias que reflejan la realidad de la mayoría.

Trabajo comunitario con una de las generaciones de mujeres de Cuajimalpa.

Trabajo comunitario con una de las generaciones de mujeres de Cuajimalpa.

Esta mayoría no cuenta con ningún privilegio, desde jóvenes se les educa únicamente para ser amas de casa y para aceptar la voluntad de sus maridos, la mayoría no concluyó la secundaria y aceptan cualquier cantidad de abusos contra ellas mismas y contra sus hijos porque no conocen otra manera de sobrevivir que la de poner su vida en manos de un hombre. Algunas de ellas tienen hijos de distintos hombres que las han ido abandonando con sus hijos, aun así, continúan buscando a aquel que las pueda rescatar… y siguen esperándolo.

La experiencia de trabajar con mujeres que no cuentan con privilegios, me ha sensibilizado y hoy reconozco que esta es una lucha de todas, porque aun cuando algunas mujeres “privilegiadas” pensemos que el machismo en nuestra sociedad, no nos afecta porque nadie nos golpea ni nos insulta en casa, si lo hace.

El acoso callejero, el acoso sexual, las bromas sexistas, los insultos a mujeres en redes sociales, aparentan ser inofensivos para algunos, pero es la suma de toda la violencia y falta de respeto que hay hacia las mujeres en nuestra sociedad, la que ha convertido a la violencia de género en un problema de seguridad nacional. El problema real es que lo toleramos y trivializamos, no, no es normal ni gracioso.

Hoy más que nunca, las mujeres necesitamos estar unidas y apoyarnos unas a otras, generando empatía por aquellas que han tenido menos oportunidades para hacer valer sus derechos y libertades, así como los propios.

Bien dicen que las mujeres empoderadas, empoderan a otras mujeres, pero a veces pareciera que más que aliadas, somos competencia y en vez de apoyarnos nos metemos el pie. Si a una le va bien, a todas nos irá bien.

Hoy en la mañana en una conferencia que ofreció nuestra organización a las mujeres de la comunidad, se acercó una de ellas con la que trabajé, me platicó muy emocionada que ya tenía un empleo, después de haber tolerado todo tipo de abusos y humillaciones para ella y sus hijas por no reconocerse apta para enfrentar la vida. Gracias a que hoy es dueña de su economía, puede decidir lo que es mejor para su vida y darles un ejemplo distinto a sus hijas.

La vida de muchas mujeres cambia cuando las apoyamos para que se aprecien a sí mismas por lo que son, si las enseñamos a no sentirse avergonzadas o menos valiosas por ser mujeres (porque eso aprenden en su núcleo familiar).

Para mí no ha habido una experiencia más gratificante que contribuir al progreso y crecimiento de otras mujeres que han sido menos afortunadas y desde luego que no me conformaré con tener algunos privilegios, quiero la igualdad para todas y por eso ¡Me declaro FEMINISTA 100%!

Es importante recalcar que esto no es culpa de los hombres, si fuera necesario culpar a alguien de esta situación, tendría que ser a nuestra cultura que de manera transgeneracional, ha inculcado estos principios tanto a hombres como mujeres. Hoy las mujeres sabemos que tenemos los mismos derechos y capacidades y por ello es nuestra responsabilidad como madres educar a mujeres empoderadas y a hombres que respeten a las mujeres por el simple hecho de serlo.

El-feminismo-busca-la-igualdad-entre-ambos-sexos

También dicen que hoy 8 de marzo, no es un día para felicitar a otras mujeres porque se conmemora un hecho trágico, sin embargo, a mí me gusta recordar a todas aquellas que lucharon para que hoy tengamos voz y voto, agradezco a todas las feministas que no se conformaron en una época en la que era tan difícil no hacerlo. En México apenas hace 63 años se le dio el voto a la mujer y todavía falta mucho por hacer, por ello necesitamos confiar en otras mujeres para que nos representen en las cámaras y en el gobierno.

¡Hoy me siento orgullosa de ser mujer!

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